Querida mamá:
El despertador debía sonar a las 07:00 de la mañana.
Los peregrinos madrugadores comenzaron a ponerse en movimiento a las 5:30 de la
madrugada. Así que sobre las 6 y cuarto decidimos salir del saco y ponernos en
marcha. A las siete ya estábamos caminando por Pamplona dirección Cizur Menor.
Vimos amanecer cruzando el campus universitario de la capital Navarra. En Cizur
Mayor nos paramos a tomar el desayuno; parecía que el sol ya calentaba un poco
y podríamos quitarnos el pulóver pero sólo fue un amago. Aún hacía mucho frío
para estos dos canarios.
Continuamos camino siempre al son del "buen
camino" o "good way", y es que mi percepción es que hay más
extranjeros que españoles. Claro que franceses, italianos, americanos,
alemanas... suman más países que España.
Tras subir un pequeño desnivel aparecimos en Guendulán
y digo aparecimos porque vas subiendo la cuesta y de repente el pueblo está
ante ti. La iglesia del pueblo era realmente bonita, por dentro y por fuera.
Pequeñita, cálida y acogedora.
Llegamos a Muruzábal y era el momento el segundo
desayuno. Un poquito de pan y poquito de chorizo picante. Tocaba separarse, yo
me cogía una ruta más larga de David para ver la iglesia de Santa María de
Eunate. Implicaba alargar la ruta de hoy 4 kilómetros pero el
padre de David nos dijo que merecía mucho la pena. Eso de entrar en todas las
iglesias que vemos a David no le entusiasma demasiado así que el siguió hacia
Puente de la Reina.
Al poco de coger el desvío hacia Santa María de Eunate
encontré un cartel que agradecí infinitamente con los horarios de apertura de
la iglesia. Quedaban 20 minutos para que cerraba y a mí me quedaban 2 kilómetros para
llegar. Así que di media vuelta. Un simpalu (simpático lugareño) de Muruzábal
que me vio dar media vuelta me preguntó que qué buscaba si el camino o la
iglesia, le expliqué y me contó que, como muchos extranjeros se perdían, él
solía ponerse en esa plazita del pueblo a indicar a los extranjeros el camino a
seguir. Entrañable cuanto menos el Don.
Me dijo además que si iba a coger el camino hacia Obanos cruzara el
pueblo recto y siguiera la señalización en lugar de dar de nuevo la vuelta e
irme por donde había venido. Esas cositas cuando ya llevas 20 kilómetros en los
pies se agradecen.
Así continué camino hacia Obanos había dejado a David
descansando con un Chileno y habíamos quedado en vernos en el albergue de
Puente de la Reina.
Cuando llegué a Obanos pensé que quizás les había adelantado
porque ellos seguían sentados cuando yo comencé a caminar así que me senté en
la plaza del pueblo a esperarle y hacer los últimos dos kilómetros juntos.
Obanos merecía la parada. Un pueblo con un estilo muy medieval de puentes de
piedra, eso sí, con la señalética del camino. Además por detrás de la plaza del
ayuntamiento había un frontón profesional y ya sé poco más de ese deporte
peculiar.
Llegamos a Puente de la Reina sobre la una y media.
Nos instalamos en el albergue de los padres reparadores. Tocaba ducha y hacer
la colada. Un colada de pileta porque poner una lavadora en este albergue me
parecía carísimo (3 € la lavadora, 3 € la secadora y el jabón y suavizante se
pagan a parte).
Duchados y oliendo bien había que buscar donde comer e
ir al super a comprar la cena y el desayuno de mañana. Puente de la Reina es un pueblo que se
creó en el siglo XI-XII en torno al puente medieval del siglo XI que le da
nombre al pueblo y su calle mayor es el camino. Si en un emplazamiento así no
me pido el menú peregrino ya no lo pido en ningún lugar así que vino con
casera, sopa castellana, ternera guisada y café (que ya como para postre no me
quedaba hueco) fueron mi escaso almuerzo.
Las fuerzas justas para ir al super y... ¡SIESTA! ¡Qué
gran placer!
Creo que dormí y descansé más en esa siesta que en las
noches que llevo aquí.
Después un paseito por el pueblo hasta el río y por su
rivera. Con el puente medieval de fondo y las golondrinas sobre nosotros.
Impactada, cuanto menos, estaba con el mundo del toreo
hasta ahora. Las vayas en los pueblos que están todo el año, los barrotes
protegiendo las puertas de las casas... pero hoy he visto en la plaza mayor del
pueblo a un grupo de niños jugando con una cabeza de toro de no sé muy bien qué
material unida a una rueda de monociclo y con unos mangos para guiarla. Un niño
hacía de toro y el resto corrían huyendo de él mientras el toro trataba de pillarlos.
Que gran manera de conocer el arraigo cultural de un pueblo es ver a qué y cómo
juegan los niños.
Después del paseo una cena caliente de fabada
asturiana. Junto a nosotros una pareja polaca que en San Sebastián durmieron
con nosotros en la habitación. Hicieron autostop de París a Irún y ahí comenzaron
el camino del Norte. Ayer los encontramos en Pamplona, tras ver los precios de
los albergues del camino del Norte y el perfil de la ruta han decidido
desviarse al camino francés.
Un rato con Gesto, disfrutando de sus historias. Creo
que ayer no te conté el por qué del juego de la cuerda. Cuando entró a trabajar
en el barco, los marineros no le tenían en alta estima pues era un chico joven
con estudios. Así que el cocinero del
barco que era un tipo, según lo describe, rudo y grande de la mar, le dio esa
tabla y le dijo que hasta que no la resolviese no le iba a dirigir la palabra. Así
estuvo sin hablarle hasta 17 días después que fue cuando lo resolvió; después
de eso fue uno más en el barco.
Ahora a descansar un poco que cansada corporalmente no
estoy, mis pies no sufren como los de la gente que veo por aquí pero mis
hombros no están acostumbrados a llevar el peso de la mochila y tengo la
musculatura de los hombros bastante cargada. Mi mochila no creo que llegue a
los siete kilos, yo cumplí eso de que la
mochila no debe pesar más del 10% de tu peso, pero aún así son muchas horas con
ella a la espalda.
Objetivo Puente de la Reina superado.
Mañana: Objetivo Los Arcos
Buenas noches

Me parecen demasiados km. Lo normal es Estella. Aparte de que es un pueblo precioso. Un abrazo. Luis
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